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08 noviembre 2015

‘Furious 7’: ¿el último viaje?

No es casualidad que sean 7

Un hasta siempre para Paul Walker y Brian O’Conner, el personaje que es capaz de llevar el peso de un film casi con la misma facilidad con la que Toretto sale ileso de todas las bárbaras secuencias de acción. Furious 7, ¿el fin de una saga?

Por lo pronto, el adios definitivo se siente en cada secuencia, en cada fotograma, en la unión de los personajes, en el amor de esa gran familia. Es un fin puro y emotivo, un cierre definitivo, un final hacia otro camino.Aunque sabemos que poderoso señor es don dinero, y que frente a tantos beneficios generados a todo gas, el último viaje es muy difícil que llegue.

Veremos.

11 agosto 2015

Acérquense, ¿lo oyen? ¡Carpeee Dieeem!

Oh, Capitán, mi Capitán…

Coged las rosas mientras podáis,
veloz el tiempo vuela,
la misma flor que hoy admiráis,
mañana estará muerta.

“Aprovecha el momento, incierto es el mañana”. Eso significa Carpe diem quam minimum credula postero, una expresión latina acuñada por el poeta Horacio; una expresión que se adecua a una filosofía de la vida: la de “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” o “vive cada minuto de tu vida como si fuese el último”. Hoy el concepto no es nada desconocido y con más o menos tino todos lo ponemos en práctica casi sin darnos cuenta, pero en su momento el Carpe Diem marcó una época, un personaje y una generación.

Mediados de los 90. Los nombres de Herrick o Whitman no nos decían nada a ninguno, y mucho menos John Keating, pero llegaron junto con un Club de Poetas Muertos listos para enseñarnos unas lecciones de vida y poesía que no olvidaríamos nunca. El optimista, idealista y soñador profesor Robin Williams, eternamente asociado al grito de “¡Oh, capitán, mi capitán!”, pregonaba el Carpe Diem por todos los costados y una poesía de liderazgo, superación personal e inspiración que marcó a toda una generación. 

Ironías de la vida, nos dejó un genio de la comedia, un payaso de mirada triste, aquel que abogaba por el “Aprovechad el momento.” No sé qué tiene la película El Club de los Poetas Muertos, pero hay algo en ella que la hace especial. Quizá que no solo enseña a vivir el momento, sino que nuestra identidad es lo mejor que tenemos, que nadie tiene la verdad absoluta y que debemos ser los dueños de nuestras vidas. Ahora no puedo más que recordar al profesor Keating que tanto nos enseñó. Gracias Robin. 

Carpeee, Carpe Dieeem…

Exultamos, ¡oh costas y tañidos, oh campanas!
Pero yo, con triste pisada
Camino en cubierta donde está mi Capitán 
Caído muerto y frío.

06 agosto 2015

Irrespirable

Ni respires...

Respiramos un aire irrespirable. Y no lo digo yo. Somos más cochinos que los cochinos que ensuciamos todo a nuestro paso, tiramos basura donde no debemos y contaminamos mar, tierra y aire si es preciso, no vayamos a quedarnos cortos. Los índices de ese nada molón CO2 suben como la espuma, y con ello baja nuestra esperanza de vida. Consecuencias de una falta de civismo urbano.

Las ciudades visten una boina de diminutas partículas contaminantes por supuesto nada elegante para nuestras cabezas ni sana para nuestros pulmones. Y como Spain is different, por mal agüero ahí están nuestros héroes políticos que saben hacer lo que mejor saben hacer: nada. Ahora atrincherémonos en casa, cerremos los cristales de los coches y pongamos en ON el aire acondicionado porque es de suponer que será el único aire limpio que podremos respirar en las grandes urbes donde ni las ratas pueden vivir. Eso o hagamos como las cabras: tirar para el monte.

30 julio 2015

Querido señor 50 (malas) sombras

Tengo 50 sombras oscuras y no sé qué hacer con ellas

Carta de una realista cuasi-inconformista lectora de "Cincuenta Sombras de Grey" sin diosa interior

No voy a mentirle, he leído su libro y visto su película, o al menos lo he intentado. Tras su fulminante estreno un día de San Valentín (que paradójico) y reventar la taquilla, tenía cuanto menos curiosidad. Miles de mujeres no podían estar equivocadas; féminas ansiosas todas de ser sumisas de un hombre como usted, sujeto del deseo como cuan Dios griego venido del Olimpo. Seamos francos señor 50 Sombras: su adinerada posición social le delata. Un gran magnate de los negocios con helipuerto propio dice bastante; está claro que si fuese un humilde albañil con ideas sado y una paleta en lugar de una fusta azotaina posiblemente ninguna mujer se le hubiera arrimado como perra en celo. Pero un simple escaneo de pies a cabeza me dice que tiene más para ser objeto de deseo de muchas: su alborotado cabello, su penetrante mirada grisácea, su escultural cuerpo, sus delicadas manos. Y sus 50 sombras que le atormentan. Y a todo este buen parecer se le suma que viste bien, pilota aviones y toca el piano.

Si cree que todos estos atributos (ejem) enloquecerán a las mujeres, en eso no se equivoca: el poder seduce, siempre lo ha hecho. Pero estimado Christian, no se crea de la misa la mitad ya que debo decirle que peca de algo: es usted un completo aburrido. Sí, un soso sin remedio, qué le vamos a hacer. Consuélese, nadie es perfecto. A las mujeres nos gusta que nos hagan reír, que nos respeten, que nos susurren al oído, que nos abracen y nos acaricien como a un peluche, que los hombres sean dulces y cariñosos. No miramos tanto el paquete (el suyo, claro) ni el bolsillo o una cuenta corriente con demasiados ceros, al menos, las de a pie. Las mujeres somos autónomas, productivas, seguras… Más bien luchamos por serlo. Eso sí, nos va a la mayoría lo romántico (En ocasiones con cierta pizca de morbo; que le ponga a cien mordernos el labio le da puntos) y nuestra diosa interior está tranquila. No sabe lo que se pierde al no salir con una chica al cine o a cenar sushi (O lo que le guste comer, quizá desapruebe este manjar dada su obsesión por una dieta regular y sana).

No obstante, me alegro que sea un producto salido de la fantasía creativa (y erótica) de una autora. Un hombre así como usted no debería estar permitido: salvaje, redomado, acosador, ¿machista?, misterioso, duro, oscuro. Como ideal erótico anti-romántico sobre el papel puede resultar pasable, pero al momento se convierte en un ser completamente inofensivo como tema de conversación entre amigas y conocidas. Ahí es donde deja de ser real; sólo existe en el subconsciente femenino, tan ávido de placer por lo que se ve. No me malinterprete querido Christian Grey: está bien fantasear e imaginar de mil maneras a un príncipe azul, cosa que usted ha roto con todo los moldes posibles. Ahora por su culpa las mujeres —en absoluto mosquitas muertas torpes y desgarbadas como su amada Anastasia— ya no sueñan con un príncipe vestido con una sutil armadura a lomos de un corcel blanco, sino con un hombre ataviado con corbatas y caros trajes de Armani y helipuerto propio. Tampoco lo quieren con una afilada espada, más con fusta y látigo; ni que las rescaten de lo alto de un castillo, más que sean azotadas y atadas a una cama. Menos aún que las agasajen con bombones y un ramo de rosas, más con suculentos y carísimos regalos… e infinidad de perturbaciones que enloquecerían al mismísimo Freud. ¿Dónde queda ya el héroe chupasangre-asesino-pero-hermoso de Eduard Cullen? No vaya a creerse que el vampiro me seducía, en absoluto. Pero puedo solidarizarme con su dolor, con sus fantasmas del pasado Sr. Grey, aunque no me pida dejarme llevar por una relación tan tóxica que coarte mi libertad, que me haga ser mujer objeto de doloroso placer de un hombre. Esposas de retención, grilletes, cuerdas, bridas, vendas… Querido Christian, sus prácticas sexuales es el menor de sus problemas. Seguro que sería más efectiva una sesión con el psiquiatra que una de sexo vainilla. Pruébelo, nunca está de más.

No quiero crearle malos rollos y entiéndame, el tema de la sumisión lo disfruté en su película en tanto en cuanto fue sexo simulado (En su libro me dio alas a la imaginación). Debo aplaudirle el que haya sido capaz de saber tocar la líbido y la sensibilidad femeninas (Ha sido tocado con la varita “mágica” de poner cachondas a miles de mujeres para envidia de muchos hombres), cosa que no es de extrañar ya que para eso le han contratado. Tampoco sea egoísta y se lleve todo el mérito usted solito, amén de que le engendró una escritora y su película está dirigida por una mujer. Tampoco eche por tierra alguna variación que haya podido introducir en las anodinas relaciones sexuales de muchas parejas igual de anodinas. Y sabrá usted muy bien que aunque el bondage, la dominación y la sumisión ya existían antes de su película, ha tenido el poder en la mano (nunca mejor dicho) de hacerlo llegar a nivel planetario, pero enfatizo que para aficionados. ¿No se habrá hecho ilusiones, verdad? Espero que no.

Así y todo, señor 50 Sombras, vayamos a su película. Está claro que si del mismo modo los hombres mueven Roma con Santiago por ver el fútbol, miles de incesantes lectoras y espectadoras hicieron lo impensable por verle en pantalla. Ya le dije que el poder seduce (y una pizca de buena dósis de hormonas revolucionadas). Las tiene a sus pies —a las mujeres, entiéndase—, pero no se equivoque: si a mí un hombre, por muy buenorro que esté, me mete en un Cuarto Rojo lleno de látigos, fustas y demás instrumental de tortura, saldría en estampida que ni Fernando Alonso me alcanzaría en su Fórmula 1. Lo que quiero decirle querido Christian es que, sí, no se lo niego, su película como una sesión de sexo light, de amor con morbo o como quiera llamarlo, no estuvo mal y dejó buena impresión. Pero nada más. Y es que entiendo que es prácticamente imposible observar escenas de sexo explícito en un cine donde se proyectan películas infantiles como ”Bob Esponja: Un héroe fuera del agua”. Sin embargo, esa autocensura al erotismo en los albores de los tiempos modernos es insultante. Porque el hecho de que mujeres del mundo mundial no hayan tenido un frontal masculino suyo (por obra y gracia de Jamie Dornan), aunque hubiese sido un visto y no visto, es inexplicable. Y no será porque el actor norirlandés no esté dotado, perdón, capacitado (El chico fue modelo para los calzoncillos Calvin Klein, así que “capacidad” tiene de sobra). Sin embargo, eso no deja que sus “50 Sombras” sea sexo asexuado, un atentado a la castración masculina. En la práctica erótica, un cuerpo desnudo (masculino o femenino) es lo deseable. Si llegara a ser español —que aquí las mujeres siempre piden más—, sabría usted lo que es sexo duro en pantalla. De la que se ha librado…

Así que no dejo de pensar y concluir que debieron robarle alguna de sus 50 sombras porque qué mala sombra tuvieron con usted, señor Grey, qué mala sombra.

Att,
Una chica sin diosa interior que no podría ser su Ana //

29 julio 2015

El ventilador

Hay calores que matan

“Xgtreiuhb vhyt wastre mjuypouh y twksjusgb”. 

A este sinsentido de letras añádele una tos perruna y una respiración tosca que ni Darth Vader y tendrás el diagnóstico al completo: caso de bronquitis aguda. El médico, muy listo él, nos dice que evitemos los cambios bruscos de temperatura en verano, pero qué gracia que su consulta parezca el Ártico. Los hombres siempre han sido de sangre caliente, mientras que las mujeres, salvo que sean menopáusicas, no tardamos en ponernos la rebeca por encima. Luego salimos a la calle, no hay rebeca que valga y todos a resoplar y sudar.

Pero oiga doctor, es que hace mucho calor y es imposible no echar mano del aire acondicionado”, alega el sofocante paciente. “Ponga un ventilador, que perjudica menos”, nos dice el matasanos. Pero el jodío no tiene uno en su consulta: tiene puesto el dichoso aire. Mano de santo. Qué ironía salir malos del consultorio médico.

Y para santo y cuestiones de aires, tampoco vayamos a las rebajas porque allí el aire acondicionado se dispara, como la factura de la luz. Y cuando llega la noche no sabemos qué es mejor: si subir y bajar el aire o poner en marcha el ventilador de cuatro aspas que aquello parece un batallón de helicópteros yankies sobrevolando Vietnam. De locos.

Compadezcámonos todos del calor… y de las noches de ventilador.

20 junio 2015

Jamás nos quitarán la libertad

¡Escocia es libre!

Sublime, espectacular, mítica, heroica, épica, inigualable y sempiterna. La libertad escocesa por la que abogaba William Wallace se eleva a la categoría de obra maestra. El abuso de poder, la opresión titánica, la sublevación de toda una nación son la maquinaria perfectamente engrasada para forjar héroes que recordará la historia. Luchar para morir. Huir para vivir. Sin libertad no hay lucha. Sin vida no hay libertad.

Si vivimos en continuo asalto por el enemigo, saqueando y violando, ¿qué sería preferible? ¿Agachar la cabeza, dejarse matar? ¿O hacer frente y morir con dignidad para que otros sean libres? La libertad no es un hobby, es un derecho.
 
¡Yo soy William Wallace! Y estoy viendo a un ejército de paisanos míos, aquí reunidos contra la tiranía. Habéis venido a luchar como hombres libres, ¡y hombres libres sois! ¿Qué haríais sin libertad? ¿Lucharéis?
Luchad y puede que muráis; huid y viviréis. Un tiempo al menos. Y al morir en vuestro lecho, dentro de muchos años, ¿no estaréis dispuestos a cambiar todos los días desde hoy por una oportunidad, solo una oportunidad, de volver aquí a matar a nuestros enemigos? Pueden que nos quiten la vida, pero jamás nos quitarán… ¡¡¡LA LIBERTAD¡¡¡


 20 años después, seguimos siendo William Wallace.